El regidor que va fer vessar la paciència de Twitter

Sergi Soto G Montero (1)Poc abans que li tanquessin el compte de Twitter, Juan Gómez Montero va tenir temps d’embolicar la troca a internet. A més d’insultar la prestigiosa escriptora Lucía Etxebarria, el regidor ultra de Santa Coloma va fer un homenatge a Sergi Soto, membre violent dels Boixos Nois, mort per una suposada sobredosi de droga el 22 d’agost de 1997. Quan ja es coneixia el crim de Clément Méric a París, va fer aquest tuit: Sang culé? M’agraden molt + els q estaven darrera la porteria, Sergi Soto present! Visca el Barça!

Era l’època en què els ultres s’havien apoderat de les graderies del Gol Sud del FC Barcelona. Era tanta la seva força, que van aconseguir que el president de les hores, Joan Gaspar, es doblegués i que el Camp Nou guardés un minut de silenci per Soto, al crit de “No t’oblidarem mai”. El mort era quasi sempre en les principals baralles dels Boixos amb aficions rivals i militants d’esquerres i independentistes, així com atacs homòfobs. En un programa de televisió, un periodista li va preguntar si era delicte matar un transvestit, en referència a la pallissa d’un d’ells al Parc de la Ciutadella, i va contestar: No

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HOMENAJE A NUESTROS NAZIS
El País (Catalunya) 13 de gener de 1998

Artícle del periodiste Xavier Rius Sant
El lamentable minuto de silencio guardado en el Camp Nou el pasado sábado 20 de diciembre en memoria de Sergi Soto, miembro de los Boixos Nois con un amplio historial neonazi, refleja una vez más las contradicciones del sistema democrático a la hora de afrontar las amenazas fascistas y racistas. Una intolerancia que es capaz de hacer callar a todos, políticos y autoridades incluidas, al concluir el año internacional contra el racismo. Pese a que la directiva del Barça y sus servicios de seguridad han querido desdramatizar el hecho, pone en evidencia la fuerza de los grupos intolerantes y violentos que crecen en el seno de la sociedad y en ocasiones, como se da en algunos campos de fútbol, incluso son financiados y apoyados para animar los colores o insultar al contrario.

Sergi Soto era miembro activo de los Boixos Nois y había sido juzgado por agredir a un magrebí en Esplugues, apuñalar a un simpatizante del Español, y lo que es más grave aparecer en Informe Semanal defendiendo las agresiones contra africanos y minorías sexuales. Algunos medios informativos han confirmado estos días la tesis de que periódicamente se producen trasvases de hinchas de las Brigadas Blanquiazules a los Boixos Nois y viceversa, y que grupos de skins muy violentos han conseguido hueco y acomodo en la Grada Jove.

No hay que olvidar que en las tribus urbanas como los skins, no es la ideología lo que genera el grupo, sino a la inversa: es la dinámica del grupo lo que produce una ideología con la que autoalimentarse y justificarse. Una ideología la mayoría de los casos totalitaria, simple, sin base moral ni científica, sin principios filosóficos universales ni solidarios. La exaltación del grupo, el desprecio de los otros, la asunción de unas consignas sin fundamento que tras ser repetidas una docena de veces a coro se convierten en verdad inmutable. I a estos grupos llegan a menudo personas débiles, sin una personalidad afianzada que necesitan de un colectivo en el que sentirse fuertes. Evidentemente muchos jóvenes que asumen estética skin y se vinculan en mayor o menor grado a dichos ambientes el fin de semana, al cabo de un o dos años, por evolución personal o porque la novia de turno se cansa de la música de máquina y le apetece ir a bailar sala, acaba enterrando para siempre las botas y la cazadora bómber. Pero en el fútbol se dan unas circunstancias singulares que prolongan los años de militancia tribal.

De entrada el enemigo existe y está allí cada sábado o domingo en el estadio para ser abroncado e insultado. El grupo no es algo abstracto diluido en alcohol o pastillas la noche del sábado, sino unos centenares o un millar de compañeros con los que canaliza partido a partido unos gritos, unas consignas, comparte una estética -no siempre skin-, unas banderas y bufandas, y un ritual del que él es un miembro activo y singular, afianzando su yo personal. Un yo que se crece cuando al andar por la calle la gente se aparta y les mira con miedo.

Puestos a ser cínicos posiblemente es mejor que estén allí gritando contra el equipo contrario, contra el árbitro o contra los propios jugadores y el palco si el equipo no gana, que en la calle. Aunque con ello el club por activa o por pasiva se convierta en escenario o lugar de encuentro de jóvenes que realizan de manera continuada apología del odio racial y exaltación de la violencia irracional. Y allí, en el estadio, en tantas ocasiones son utilizados como infantería cañera por los clubs para animar, aunque luego se les escapen de las manos. En unos equipos como el Atlético de Madrid y su Frente Atlético, estas actitudes intolerantes y violentas han sido alentadas por su directiva encarnada por un presidente que no se corta a la hora de agredir delante de la cámara o hacer manifestaciones racistas. En otros como el Barça o el Español, la utilización que sectores de las directivas han hecho de los Boixos Nois y las Brigadas Blanquiazules ha sido más ambigua y solapada. Pero que nadie se engañe: Si el Barça desea ser más que un club o se considera el alma de Cataluña, en su Grada Jove, en la infantería de su afición tiene a personajes nefastos, a delincuentes potenciales o confesos, que en ocasiones utiliza y apoya, y luego cuando se les van de las manos, en virtud de interés general, les hace concesiones y obliga a todos, autoridades incluidas, a rendir homenaje, a guardar un minuto se silencio en exaltación de un nazi. Obliga a hacernos a todo partícipes y tolerantes de un acto de apología del fascismo, como hacían aquellas débiles democracias europeas de los años treinta que para no enojar a Hitler, puesto que enfrentarse con él sería peor, pactaron tratados de amistad con él olvidando quien era, que decía y que hacía.

Posiblemente para la policía nacional y los mozos de escuadra, tener a los nazis catalanes agrupados en la grada del Camp Nou les facilita su tarea de investigación y filiación. Sabe mejor quienes son, sólo hay que esperar a que cometan el delito. También es mejor que se desfoguen contra el Madrid o contra el árbitro, que dando leña en la calle. Pero hoy saben que bloqueando el túnel de acceso a una grada consiguen hacer callar a todo el campo, paralizan un minuto el partido, consiguen que la televisión homenajee a sus muertos. No sólo son los viejos de la calle o los negros y moros que se apartan de ellos en la calle porque les tiene miedo. Fue todo el estadio, fue el partido, fue la televisión, fue de alguna manera toda Cataluña que se paró un minuto por alguien que no era el presidente de una peña que sin ganar un duro hacía de entrenador de chicos en Mollerusa o Nou Barris. Se homenajeó a un nazi confeso, a alguien que era un símbolo para muchos Boixos Nois pues se atrevió a decir en televisión, según ellos, las cosas por su nombre. Sin duda se sienten más fuertes que antes. Sin duda continuará.

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Quant a Jordi Corachán
Periodista

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